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sábado, 18 de febrero de 2012

¿De verdad creemos sin vacilar que Dios nos dará lo que pedimos?


¿De verdad creemos sin vacilar que Dios nos dará lo que pedimos?
Consideraciones para alcanzar la oración que sí funciona, 2ª Parte
Autor: Diana R. García B. | Fuente: elobservadorenlinea.com
Catholic.net

«Jesús les respondió: «Yo les aseguro: si tienen fe y no vacilan, .... si dicen a este monte: "Quítate y arrójate al mar", así se hará. Y todo cuanto pidan con fe en la oración, lo recibirán» (Mt 21, 21-22)

Dice san Agustín que «Dios está más deseoso de conceder que nosotros de recibir». Sin embargo, para recibir eso que solicitamos en la oración, el Señor nos pide como primer eindispensable requisito que creamos sin vacilar que se nos va a conceder.

La fe que falta
A veces puede suceder que estemos totalmente convencidos del poder infinito de Dios, de que Él efectivamente hace milagros e interviene constantemente en la vida humana; es decir, podemos tener una gran fe en el poder de Dios. Pero puede resultar que, al mismo tiempo, no estemos seguros, convencidos, afianzados en la creencia de que Dios nos va a conceder eso que pedimos, dudamos que sea voluntad divina.
«Dios sanó a mi vecino de cáncer, pero a mí... ojalá que a mí también; yo, por las dudas, le voy a pedir que me cure». Un pensamiento como éste, por fugaz que sea, no muestra esa confianza que Dios espera de nosotros. Y es que en el fondo, si bien tenemos fe en que puede librarnos de la enfermedad, no tenemos fe en que quiera librarnos de ella.

El que vacila ya fracasó
Ya con eso el orante va por mal camino, pues dice Santiago, el hijo de Alfeo,  que cuando uno le pide algo al Señor debe hacerlo «con fe, sin vacilar; porque el que vacila es semejante al oleaje del mar, movido por el viento y llevado de una a otra parte. Que no piense recibir cosa alguna del Señor un hombre como éste» (Stgo 1, 6-7). Y no hay que sospechar que esta sentencia sea una particular opinión del  apóstol colada extrañamente en la Biblia, pues el propio Jesús ya había dicho: «Yo les aseguro: si tienen fe y no vacilan, .... si dicen a este monte: "Quítate y arrójate al mar", así se hará. Y todo cuanto pidan con fe en la oración, lo recibirán» (Mt 21, 21-22).
A la religiosa sor Josefa Menéndez el Señor Jesús le reveló particularmente esta misma doctrina: «Si vacilan, si dudan de Mí, no honran mi Corazón.Pero si esperan firmemente lo que me piden, sabiendo que sólo puedo negárselo si es conveniente al bien de su alma, entonces me glorifican».
Aquel que se pone a orar con duda y desconfianza, nada puede recibir.  «Nada alcanzará, porque la necia desconfianza que turba su corazón será un obstáculo para los dones de la divina misericordia», dice san Alfonso María de Ligorio. Y san Basilio: «No pediste bien cuando pediste con desconfianza».

Cómo hacer «violencia» a Dios
Cristo no puso un límite a su omnipotencia. Por lo mismo, a pesar de nuestra falta de fe, bien podría darnos lo que le pedimos. Entonces, ¿por qué no lo hace? Porque nos falta confianza. Dice san Alfonso María de Ligorio que «la causa de que nuestra confianza en la misericordia divina sea tan grata al Señor es porque de esta manera honramos yensalzamos su infinita bondad, que fue la que Él quiso sobre todo manifestar al mundo cuando nos dio la vida».
A santa Gertrudis le reveló el Señor que el que pide con confianza tiene tal fuerza sobre su corazón, que no parece sino que le obliga a oírle y darle todo lo que pide. Lo mismo afirmó san Juan Clímaco: «La oración hace dulcemente violencia sobre Dios».

¿Qué hacer cuando la confianza se nos escapa?
Vuelve san Alfonso María de Ligorio con sus enseñanzas: «Verdad es que hay momentos en que, por aridez del espíritu o por otras turbaciones, que agitan nuestro corazón, no podemos rezar con la confianza que quisiéramos tener. Mas ni en estos casos dejemos de rezar, aunque tengamos que hacernos violencia... ¡Oh, cómo se complace el Señor al ver que en la hora de la tribulación, de los temores y de latentación, seguimos esperando en Él contra toda esperanza, esto es, contra aquel sentimiento de desconfianza que la desolación interior quiere levantar en nuestro espíritu!... Perseveremos en la oración hasta el fin. Así lo hacía el Santo Job, el cual repetía generoso: ...Dios mío, aunque me arrojes de tu presencia no dejaré de orar». Y ése es, precisamente, el segundo requisito para obtener lo que pedimos en la oración: la perseverancia.

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